El espejo del Centenario. Ciudadanía, nación y fronteras entre lo público y lo privado (1910-1930)

Autor: 
Caetano, Gerardo

III) "Espejos públicos" para la vida privada.

¿Cuánto de toda esta vigorosa propuesta en el campo de la construcción de los llamados "valores cívicos" arraigó efectivamente en el seno de la sociedad uruguaya durante los años del Centenario? ¿Qué de todo ello llegó a influir y moldear de alguna manera aquellas pautas de conducta más vinculadas con la vida privada? ¿Hasta qué punto este imaginario integrador contribuyó, de modo más o menos relevante, a establecer los límites entre lo público y lo privado y a "regular" también ciertas zonas de las vivencias más íntimas de los uruguayos de entonces?

Resulta obvio que el siquiera comenzar a dar algún tipo de respuesta provisoria a estas interrogantes desborda por completo los límites y alcances de este texto. Nuestro interés se concentrará en las páginas que siguen en un objetivo mucho más modesto pero pertinente -creemos- en la perspectiva de esas inquietudes: se trata de identificar y revisar la influencia de algunos "espejos públicos" (restringiéndonos, por razones de espacio, a la consideración de aquellos de origen más eminentemente político) que durante el período estudiado expresaron códigos y narraciones colectivas, trayectorias e imágenes reconocidas que también contribuyeron a configurar aspectos relevantes de la vida privada de los ciudadanos.37

En torno al himno y la bandera.

Los fastos del Centenario constituyeron un escenario especialmente propicio para que los partidos políticos confrontaran sus respectivas concepciones de la nación, buscando de ese modo obtener el concurso ciudadano.38 Ninguna otra fuente como la prensa periódica, que por entonces estaba muy directamente articulada con las luchas partidarias, recogió en todos sus detalles y argumentaciones estas disputas que alcanzaron su mayor virulencia en los años veinte, a propósito de la famosa discusión sobre la fecha de la independencia nacional, que analizaremos más adelante.

Ya en las primeras de cambio, las celebraciones del Centenario comenzaron asociadas con polémicas fuertemente impregnadas de esas controversias político-partidarias más usuales. En 1911, en ocasión de la conmemoración del aniversario de la batalla de Las Piedras, se produjo un episodio que desató una fuerte controversia entre "El Día", diario del entonces Presidente de la República José Batlle y Ordóñez, y varios de los periódicos pertenecientes al Partido Nacional y a otros partidos de la oposición. Así narró el suceso el diario nacionalista "La Tribuna Popular" : "... cuando una banda de música tocó el himno nacional en el acto de inaugurarse el monumento conmemorativo de la victoria de Las Piedras, un naranjero italiano se quedó con el sombrero metido hasta las orejas y más allá. En ese momento pasaba por su lado un cura criollo -pero muy criollo- quien (...) le sacó de una manotada el sombrero, diciéndole indignado: -Che, ¿te pensás que solo Garibaldi es héroe? Histórico. El público aplaudió repetidamente al cura ..."39

José Batlle y Ordóñez.

Más allá de su fuerte simbolismo, el altercado no habría alcanzado mayor repercusión si no hubiera sido por algunos editoriales del periódico oficialista, publicados apenas unos días después de ocurrido el hecho. En su edición del 26 de mayo, "El Día" se quejó del "patrioterismo aldeano" que busca "imponer a gritos a todo el mundo la obligación de descubrirse cuando se ejecuta el himno nacional o pasa la bandera de la República", al tiempo que calificó esa actitud de "resabio de educación tradicional más lugareña que simpática" y de "boxerismo callejero". "Mientras se nos respete -concluía el editorialista batllista-, en todas nuestras cosas, ninguna intervención nos corresponde en las ideas o sentimientos de los demás".40 Al día siguiente, "El Día" volvió sobre el tema, a propósito de la necesidad de permiso policial para el uso del pabellón patrio y la ejecución del himno. "Es otro resabio que debe desaparecer de nuestra legislación y de nuestros reglamentos de orden público. (...) Al contrario: esos atributos se asocian a todas las cosas alegres de la vida, públicas o domésticas, con fuerza educativa indiscutible. (...) Si el himno patrio se tocara o se cantara en nuestras fiestas del hogar, (...) se completaría su prestigio emocional (...). Es una manera de asociar el sentimiento de la familia al de la patria".41

 

Logotipo del diario "El Día" (aprox. 1920)

La postura del periódico batllista -en la que se establecían definiciones importantes respecto a las relaciones entre lo público y lo privado- provocó una fuerte controversia que de inmediato ingresó en el terreno político e ideológico. "La Tribuna Popular" replicó, por ejemplo, "que el solo hecho de sostener públicamente ideas semejantes" constituía "una grave irreverencia, (...) mayor aún si se consideran los momentos por los que atravesamos, de consagración a recuerdos que a todos nos son o nos deben ser queridos". El diario nacionalista concluía advirtiendo que "el sentimiento nacional se relaja y se esfuma y cede su lugar a las pasiones y los partidos, que nosotros no concebimos sino como fuerzas inspiradas en la felicidad de la patria común".42 Acusaciones similares se multiplicaron por aquellos días, al tiempo que varios episodios se sumaron para agregar simbolismo y virulencia al diferendo: se asoció el episodio y la "doctrina oficialista" frente al mismo con la posición asumida por el gobierno ante la huelga tranviaria desatada por entonces43; se denunció al propio Batlle por no poner banderas nacionales en su casa de Piedras Blancas y por no mencionar el nombre de Artigas en un brindis que realizara por aquellos días en un acto oficial44; la Iglesia, en un anticipo de lo que sería su postura durante todo el Centenario, participó activamente en las celebraciones patrióticas, bajo el lema -puesto por entonces al frente de la Iglesia Matriz- de "Dios y Patria"45; etc.

Esta primera polémica adelantaba varios de los ejes sobre los que discurriría la disputa sobre la nación y la ciudadanía durante las festividades del Centenario. En un sentido u otro, todos los actores -en especial los partidos- parecieron advertir de inmediato que las controversias suscitadas trascendían lo coyuntural y se instalaban en un territorio mucho más profundo y decisivo. En particular durante la celebración de los aniversarios patrios de la década de los veinte, los debates se concentraron en dos tópicos centrales: la discusión acerca de la definición legislativa de la fecha de la independencia nacional46  ; y el significado general y la consiguiente modalidad que debía dársele a la propia celebración del Centenario. Respecto a estos asuntos también se reprodujo la polarización político-ideológica predominante en la época, que ubicaba por un lado al reformismo batllista y por el otro a sus opositores blancos y en algunos casos colorados, con una situación marginal de otras fuerzas.47

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