Empresariado industrial y construcción de la Nación (1875/1900)


La temprana industrialización

En el último cuarto del XIX, pocos establecimientos reunían las condiciones de empresas fabriles. Por lo tanto, referir a los orígenes de la industria nacional es detenerse en el mundo del taller, cuya proliferación se relaciona directamente con las dimensiones del mercado: esencialmente urbano y capitalino.
 
La producción estuvo destinada a satisfacer necesidades de diferentes franjas de consumidores, con diferentes perfiles y exigencias. En el consumo de los sectores populares debe advertirse la impronta que los distintos grupos étnicos introducían y paulatinamente imponían (por ejemplo, en la bebida y la alimentación). Las ascendentes clases medias diversificaron sus demandas y, hasta las clases altas -identificadas con el consumo de productos importados- aceptaron la inclusión de algunos artículos "made in Uruguay" en sus compras.

El Uruguay que sobrevivió a la Guerra Grande (1839/1851) era un país despoblado. En 1872, Adolfo Vaillant le asignaba 420.000 habitantes. Montevideo, su capital, apenas superaba los cien mil. Un mercado de consumo aun más pequeño, ofrecía dificultades considerables al desarrollo de industrias que debían competir con productos importados más baratos procedentes de los países europeos que transitaban la “revolución industrial”. Varios empresarios buscaron expandirse, colocando sus productos más allá de la frontera (Harriague, Bonomi, Caviglia, Mailhos, entre otros).

Un mercado reducido y una demanda diversificada fueron atendidos, principalmente por talleres y pequeñas industrias. La "apertura" de un taller requirió un pequeño capital, apreciándose -en los datos censales- el predominio del “capital en giro” (materia prima, salarios). La estructura del taller era muy simple, basada en una cierta división del trabajo y un claro predominio de la manualidad y la herramienta. En esta dimensión de empresa, el patrón era pieza fundamental, concentrando en sus manos tanto el trabajo como la administración, promoción y venta. Iniciados como empresas familiares, los talleres crecieron sin modificar esencialmente la organización de la producción: ampliación del local e incorporación de nuevos trabajadores.
 

En el Montevideo de fines del siglo XIX proliferaron los talleres. Los que fabricaban corsés, al igual que los talleres de costura, pautaron más temprano que otros establecimientos, una nueva realidad social: la incorporación de la mujer al trabajo asalariado.
 
En casi todo el sector industrial se fue transitando hacia una organización más compleja de la producción, ya que la acumulación de capital alimentaba la reinversión de las utilidades. En estas décadas, se aprecia la aparición de establecimientos de mayores dimensiones por la asociación entre empresarios. En algunas ramas se procesó una concentración de capitales que determina la aparición del establecimiento fabril. Los requerimientos de capital fueron mayores, tanto por las dimensiones del inmueble -terreno, fábrica y depósitos-, la inversión en máquinas, materias primas, y salarios por la concentración de trabajadores. La disponibilidad del capital no era, aquí, producto único del ahorro.

"La Republicana” (1907) - Jules Mailhos

El francés Jules Mailhos adquirió, en 1880, una pequeña fábrica de cigarrillos que bautizó “La Republicana” y a la que convirtió en la principal empresa del ramo. Desde 1912 se independizó de las firmas proveedoras de tabaco, abriendo escritorio en Paris y La Habana para importar directamente. En un rápido proceso expansivo, absorbió a varias fábricas y talleres de plaza, al tiempo que se convirtió en proveedor (tabaco en hebra, cigarros, cigarrillos) puertos y localidades de la Patagonia y Buenos Aires, Paraguay y sur de Brasil. Convertido en uno de los industriales más poderosos, invirtió en la compra de estancias en Uruguay, Argentina, Brasil y Cuba.

El reciente desarrollo del sector y los escasos vínculos de estos nuevos empresarios con los sectores tradicionales, limitaba las posibilidades de contar con la banca como fuente de financiamiento. Los estudios de Raúla Jacob revelan que la banca estuvo relativamente ausente del proceso industrializador temprano. La asociación de capitales o la fusión de empresas fueron alternativas a la ausencia de un crédito industrial. Por otra parte, existió un sistema crediticio informal –sostenido por el capital comercial e inversores en inmuebles urbanos- que concurrió al tránsito hacia la empresa fabril.

Cervecería “Germánica”

En Montevideo se registró una muy temprana producción de cerveza por parte de pequeños establecimientos. Algunos empresarios, como Nidding, Richling, Mux, realizaron rápidos progresos y en la década de 1880 ya se habían instalado algunas fábricas modernas. Desde entonces, se asistió a un proceso de asociación de capitales para la creación de fábricas con mayor volumen de producción. También se registra un proceso de concentración de capitales que determinó la eliminación de empresas más pequeñas del mercado. El capital financiero (Banco Nacional, Banco Comercial) fue parte activa en esta historia.




Cuando artesanos e industriales se organizaron en la Liga Industrial (1879), la reseña periodística del "Telégrafo Marítimo” aportaba una reflexión que expresaba el sentir de un sector amplio de la sociedad uruguaya: "Los que creen, como nosotros, que del fomento de la industria nacional provendrá mayor riqueza positiva y mayor actividad comercial no pueden dejar de felicitarse por este acontecimiento, signo precursor del progreso de la República".


La industria, un pilar de la modernización, modificó profundamente el Uruguay tradicional. Encontró, en José Batlle y Ordoñez y en la fuerza política que lideró, interlocutores sensibles. Talleres y chimeneas se incorporaron al paisaje urbano, principalmente en Montevideo, antes de hacerlo tímidamente a la literatura y la pintura social y urbana.

W. Barcala “Paisaje industrial”
 
La industrialización produjo profundos cambios en el medio urbano, principalmente en Montevideo. Modificó la economía, transformó las relaciones y las experiencias sociales y políticas, propició las prácticas democráticas, incidiendo en el pensamiento y la educación, y se proyectó en múltiples espacios de la cultura cotidiana.

 

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