¿Cuántos éramos, de dónde venimos, cuántos somos? Un breve panorama de la población

 
¿De qué países de Europa eran los inmigrantes?

La incorporación de inmigrantes europeos fue una temprana realidad en el siglo XIX, a pesar de la inestabilidad derivada de las guerras civiles que siguieron a la Independencia; la integración de franceses e italianos se produjo desde los primeros años del siglo.

La presencia francesa comenzó a observarse en 1820; se trataba de originarios de las provincias del sur de Francia: vascas, de Bigorre y originarios del Béarn, La presencia de franceses en las primeras décadas del siglo XIX fue muy importante y estaban concentrados en Montevideo donde el peso en la población de la ciudad era muy alto. El periódico Le Patriote Français  calculaba  en 18.000 la población francesa en Montevideo, en vísperas de la Guerra Grande. La correspondencia de los cónsules franceses trasmite, en la década de 1840 la importancia que ha adquirido Montevideo como plaza comercial y la presencia de inmigrantes contribuye al aumento del consumo y la difusión de los gustos por los productos franceses.
    
Estos inmigrantes tuvieron una impronta que influyó en el país: un sector se orientó a la agricultura y la ganadería, incorporando transformaciones innovadoras en el sector e impulsando la crianza del ganado lanar.
 
Los vascos de la ciudad se incorporaron a trabajos humildes luego de su desembarco, como manera de poder reembolsar sus pasajes. Picapedreros, changadores en el puerto, herreros, carpinteros, calafates en las flotillas de barcos de cabotaje que circulaban hacia Buenos Aires.  También los  originarios del Béarn y de Bigorre eran en sus regiones de origen pequeños comerciantes de las aldeas o pequeños artesanos; en Montevideo y en las pequeñas ciudades del Interior, se instalaron como hoteleros, dueños de pensiones, de negocios de comidas, panaderos, lecheros, sombrereros, sastres, zapateros, herreros, carreteros, quincalleros, pintores de edificios, torneros de madera y metales. Algunos de ellos llegaron al bienestar burgués, con el comercio de importación de productos llamados parisienses (Duprey, 1952 ). Hubo también profesionales que actuaron como médicos, arquitectos, maestros de música y profesores de francés. Es en este ámbito que nacieron en Montevideo dos importantes poetas franceses, Laforgue y Ducasse. La emigración  francesa se redujo progresivamente a lo largo de la segunda mitad de siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX.

Los italianos comenzaron a integrarse al país muy temprano, en los inicios de la República. El pasaje de tropas garibaldinas por sus territorios y la misma presencia de Garibaldi en la década del 40, influyeron en la existencia de inmigrantes que decidieron seguir la suerte de aquellos soldados que decidieron establecerse en Uruguay. No fue ajena a esta corriente la actividad de los armadores de barcos y agentes de compañías navieras genovesas, que actuaron tanto en la navegación intercontinental, como en la organización de los transportes fluviales de las cuencas que unen a las regiones del Plata.  La presencia italiana se convirtió en masiva desde principios de la década de 1880 y los italianos predominan entre los inmigrantes, en el Censo de 1908. Su participación económica se orientó en gran parte en las actividades agrícolas, en particular, en las chacras de los alrededores de Montevideo y algunas ciudades del Interior.  El cultivo de frutas y hortalizas fue su actividad dominante, pero no se observa su presencia en la ganadería. También participaron los inmigrantes italianos en el comercio, especialmente el pequeño comercio de venta de alimentos y ventas al detalle. En el censo de 1908, que corresponde a una etapa de predominio de la inmigración italiana, aparecen en la actividad económica como empleados y propietarios de comercios, como propietarios de establecimientos industriales, en la industria de la construcción, todo ello en paralelo con su presencia en la agricultura.

La inmigración española fue la más voluminosa, en algunos períodos. La emigración a América hispana fue prohibida luego de la Independencia; sin embargo, la emigración continuó, con limitaciones, y fue persistente aún durante los períodos de prohibición. Los emigrantes evitaban los controles de formas diversas, tomando los barcos en puertos franceses o pasando por las Islas Canarias, en movimientos que se realizaban fuera del control de las autoridades de la España continental. En 1853, una Real Orden eliminó esa norma restrictiva para los canarios y en 1873 para el resto los de otras regiones de España, y la inmigración española llegó a ser la más voluminosa en varios períodos. Los orígenes regionales de los inmigrantes españoles en el Uruguay, muestran que los canarios predominaron en la etapa inicial, en la que también hubo una participación de las Provincias Vascas. Con el paso del tiempo, llegó a haber una mayoría de gallegos, seguidos por asturianos y catalanes. (Camou: 83)
 
Su distribución territorial estaba muy concentrada en Montevideo. En un período inicial, un grupo importante de canarios se instalaron en la zona rural de Canelones, dedicándose a la horticultura para abastecer a la ciudad de Montevideo. También en la zona rural del departamento de Montevideo se encontraron españoles de otras regiones, dedicados a dichas actividades agrícolas que compartían con los inmigrantes italianos (Camou, cit). Sin embargo, sus actividades económicas eran principalmente de carácter urbano, comerciales, servicios personales y trabajos no calificados.

Los españoles, italianos y franceses fueron los inmigrantes que predominaron a lo largo del siglo XIX. En las primeras décadas del XX, además de los italianos y españoles, se intensificó el ingreso de personas del Medio Oriente y de Europa Oriental.

A principios del siglo XX, la inmigración continuó siendo parte importante del crecimiento de la población, aunque su peso relativo fue descendiendo. En la década de 1930, al igual de lo que sucedió en el resto de los países americanos que fueron receptores de inmigrantes, las corrientes de migración europea se detuvieron. La crisis económica de 1929 determinó el fin del un fenómeno que duró casi un siglo; en la mayoría de los países receptores de migrantes se aprobaron políticas migratorias restrictivas y, en varios casos, las leyes incorporaron normas discriminatorias, con respecto a algunas naciones de origen o grupos étnicos.

Finalizada la Segunda Guerra Mundial, se recibieron grupos de refugiados y desplazados, también se recibieron los últimos flujos de europeos españoles e italianos. Luego de ese período, se detuvo la inmigración europea y comenzó una etapa en la que, el fenómeno predominante pasó a ser la emigración de uruguayos.
 
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