El sindicalismo uruguayo en el proceso histórico nacional (1870-2006)

 
El impacto de la Revolución Rusa de Octubre. 
 
Luego de antecedentes que se remontaban a fines del siglo XIX, en 1910 se constituyó en forma permanente el Partido Socialista –ese año, en el marco del abstencionismo electoral del Partido Nacional, obtuvo un diputado-, organización que fue insertándose lentamente en el ambiente sindical. A fines de los años diez, un acontecimiento internacional, la Revolución Rusa de Octubre de 1917 marcó al movimiento obrero mundial y también el uruguayo. En 1918 se formó un importante gremio con influencia socialista, la Federación Obrera Marítima. También fueron tiempos de fuertes luchas y represión –como la semana roja en agosto de 1918 con varios muertos en enfrentamientos entre trabajadores en conflicto y las fuerzas policiales-, en un marco regional también conmovido y sangriento, como la denominada Semana Trágica en la Buenos Aires de enero de 1919.5
 
Emilio Frugoni, uno de los fundadores del Partido Socialista del Uruguay (1910)
 
Al interior de la FORU y también de organizaciones como el Partido Socialista, se produjeron interesantes e intensos debates en torno a la revolución que estaba en curso en Rusia. De la FORU se separó el sector anarquista que acompañó inicialmente la revolución rusa, confiados e interesados en la “revolución y la “dictadura del proletariado” desde los soviets y el poder desde abajo. Este sector, junto con la pequeña pero activa militancia comunista –cuyo Partido se había fundado entre setiembre de 1920 y abril de 1921-, formaron en ese último año el Comité Pro Unidad Obrera (CPUO). Este proceso confluyó luego, en 1923, en la Unión Sindical Uruguaya (USU), de mayoría anarco-sindicalista y una presencia comunista menor. En un “llamamiento” de octubre de 1923 la USU establecía: “En el Congreso obrero unionista recientemente realizado, quedó sellada la unidad del proletariado del país. De ese memorable congreso surgió la Unión Sindical Uruguaya, institución obrera revolucionaria, llamada a encauzar las fuerzas unificadas de los trabajadores y orientarlas frente a las fuerzas regresivas del Capitalismo y el Estado”.6 Poco años después, dentro de la USU los comunistas formaron el “Block de Unidad Obrera” que expulsado de aquella, convocó a formar una nueva organización. Así, en mayo de 1929 constituyeron la Confederación General del Trabajo del Uruguay (CGTU). Su estrategia sostenía “Perseguir por la lucha de clases el mejoramiento y la liberación final de la clase obrera. Esto último sólo es posible por el derrumbamiento del poder capitalista y la toma de la dirección de la sociedad por el proletariado en alianza con los campesinos pobres”.7
 
Crisis económica, dictadura e industrialización.
 
Con la crisis económica mundial de 1929, se produjo el golpe conservador del Presidente colorado Gabriel Terra del 31 de marzo de 1933, apoyado por el Partido Nacional Herrerista y las principales cámaras empresariales. En ese entonces el sindicalismo estaba expresado en tres pequeñas “centrales”, las mencionadas FORU, USU y la CGTU, que no realizaron una fuerte ni coordinada resistencia al golpe de Estado ni más adelante al régimen dictatorial instalado desde marzo de 1933. El deterioro de las condiciones de vida, la rebaja salarial, la importante desocupación, fueron factores que contribuyeron a debilitar más el sindicalismo. Junto a ello y con antecedentes de los años previos, la represión antisindical se acentuó durante los primeros años de la dictadura terrista: con detenciones, deportaciones de sindicalistas e izquierdistas, censura de la prensa obrera, y el apoyo estatal que contribuyó a la derrota de la larga huelga de los gráficos de diarios entre agosto y diciembre de 1934, a pesar de un paro general unitario, también acompañado por la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay (FEUU, fundada en abril de 1929).
 
Con el impulso a las políticas de industrialización desde mediados de los años treinta, y cierta amortiguación de la represión, comenzó a producirse, además de un crecimiento de la clase obrera industrial -que acompasaba la formación de una nueva clase trabajadora, en la industria y los servicios-, un nuevo movimiento organizativo y de luchas de los trabajadores8. Fue así que entre otras huelgas, se produjeron la de los tranviarios y de la construcción en 1936 que resultaron victoriosas. La guerra civil española (1936-1939) y el combate al franquismo sublevado contra la República Española, ambientó, mayoritariamente, un acercamiento entre los pro-republicanos que en general, también eran antiterristas. En esos años se produjo un aumento de la influencia de las corrientes marxistas -socialistas y comunistas- en el medio sindical.
 
Tiempos de luchas obreras y división sindical.
 
Un intento de unificación importante, en el contexto de la Segunda Guerra Mundial (1939-45) se produjo a comienzos de los años cuarenta con la creación de la Unión General de Trabajadores (UGT). En el marco de una difícil situación marcada por los cambios en las alianzas de las grandes potencias en la Guerra, el 20 de marzo de 1942 se produjo el inicio del Congreso fundacional de la UGT, con participación de comunistas, socialistas y sindicalistas afines de los partidos Colorado y Nacional, además de “independientes”. En la Declaración de Principios de la UGT se sostenía: “que la aspiración suprema del proletariado uruguayo es la instauración de un régimen social y económico que aseguren al hombre el pleno desarrollo de sus facultades creadoras y a la humanidad su progreso incesante hacia la sociedad sin clases, lo que solo puede alcanzarse aboliendo toda forma de explotación y opresión del hombre por el hombre”.9
 
Los gobiernos de la época -en los años cuarenta y parte de los cincuenta-, intentando volver a una concepción de “estado de bienestar” desarrollaron políticas de integración y concertación social, aprobándose en noviembre de 1943 la ley de Consejos de Salarios, mecanismo que integró consejos por sector -en la industria y los servicios- integrados en forma tripartita por siete miembros con representantes mayoritarios del Poder Ejecutivo (3), las patronales (2) y los trabajadores (2), y que sobreviviera un cuarto de siglo hasta fines de los años sesenta.10
 
Finalizada la Segunda Guerra en 1945, y luego del clima de paz y esperanza mundial que se vivió –del que había nacido la Federación Sindical Mundial (FSM) en un congreso en París ese mismo año- vinieron los tiempos de la “guerra fría” y en el sindicalismo internacional de la FSM hubo escisiones que llevaron a crear en 1949 la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres (CIOSL) y en 1951, vinculada a esta, la Organización Regional Interamericana del Trabajo (ORIT); ya existía desde 1920 una organización de cuño católico, la Confederación Internacional de Sindicatos Cristianos. 
 
Este clima también se expresó en el caso uruguayo. Del corto periodo de acercamiento entre el sindicalismo mayoritario y los gobiernos, y en ciertos casos también con algunas patronales –ubicable entre 1938 y 1946-, se pasó a la emergencia de tensiones y luego a situaciones de enfrentamiento en el medio laboral y entre sindicatos y el Estado. Asimismo, de la heterogeneidad constitutiva de una importante (pero no total) unidad organizativa sindical que duró demasiado poco, se vivió el enfrentamiento entre tendencias políticas e ideológicas y la división en los ámbitos gremiales de los trabajadores. En muchas oportunidades predominó el paralelismo sindical en las fábricas y en los gremios, la existencia de varias organizaciones que reclamaban para sí la exclusiva representatividad del sindicalismo, algunas de ellas clasistas y otras no, y muchísimos sindicatos “autónomos”, de muy diversa conformación ideológica y comportamientos. Fue así que además de la UGT, se constituyó en enero de 1951 la Confederación Sindical del Uruguay (CSU), afiliada luego a la CIOSL y a la ORIT, central interamericana orientada por los sindicatos de EEUU (AFL-CIO) y oficinas del gobierno de ese país. También ese año se formó una coordinación de gremios autónomos y clasistas que se denominó “Gremios Solidarios” que impulsó en octubre una “huelga general” en apoyo al naciente sindicato en Ancap –que resultó triunfante-, y otra en setiembre de 1952 que ambientó la aplicación de Medidas Prontas de Seguridad -la primera vez ante un conflicto gremial-, y que fue derrotada. Muchos otros sindicatos continuaron siendo “autónomos”, o eran “asociaciones” de trabajadores –algunas de ellas de los ya numerosos empleados públicos y posiblemente con elevada composición de origen blanco y colorado-, o también de raíz católica, no acercados a ninguna de estas organizaciones.
 
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