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¿Cómo nos vemos?

En la encuesta de 2009 se realizaron una serie de preguntas a partir de las cuales surgieron  respuestas que permitieron conocer  opiniones que la población tiene sobre sí misma y sobre el conjunto de la sociedad. 

 
Como lo indica el Gráfico Nº 1, los porcentajes más altos hacen referencia  a las dificultades que los uruguayos tenemos para cambiar. Ocho de cada diez uruguayos consideran que tenemos dificultades. En mayoría, el 84% de los hombres y el 90,6% de las mujeres. Todas las edades muestran alto acuerdo, no obstante son levemente más bajos en  los mayores de 60 años. A menor nivel educativo el acuerdo baja y se distancia en 10 puntos porcentuales con el nivel secundario y terciario. La variable educativa influye en esta opinión más definidamente que en las otras. A   mayores ingresos  aumenta el  acuerdo en que “a los uruguayos nos cuesta cambiar”. 
 
Sin embargo, esta dificultad no nos lleva a ser una sociedad descreída o indiferente al futuro del país. Por el contrario, ocho de cada diez uruguayos consideraron que Uruguay sí tiene futuro. Las personas jóvenes (16 a 29 años) en un 81% exhiben los más altos porcentajes. Las mujeres muestran un acuerdo levemente superior a los hombres. Y a mayor nivel educativo y de ingresos aumenta la esperanza en el futuro del país.  
 
Nos mostramos autocríticos al momento de asumir que somos una sociedad en extremo quejosa (siete de cada diez). Las mujeres, levemente más críticas que los hombres. En las edades más jóvenes (82%) y siendo las personas con educación secundaria, quienes más lo manifestaron. A mayores ingresos aumenta el acuerdo con esta afirmación. 
 
Los uruguayos nos consideramos una sociedad solidaria. Más de las tres cuartas partes de la población encuestada así lo estima. Los mayores porcentajes de acuerdo se concentran en los sectores de menores recursos educativos y económicos, las personas  mayores de 60 años y en número mayor las mujeres. En contraste: los sectores que poseen mayor nivel educativo, altos ingresos y pertenecen a los tramos de edad más jóvenes manifiestan un mayor desacuerdo con esta afirmación, lo que nos advierte de movimientos en el imaginario.
 
Las opiniones dan a entender que el imaginario de los uruguayos está cambiando. Al hecho de que existan sectores  que comienzan a percibir a la sociedad uruguaya menos solidaria, se le suma que cinco de cada diez entrevistados consideran que somos racistas. Las mujeres se muestran más críticas que los hombres al sostener  que “los uruguayos somos racistas” en un 56,9%. En los hombres las opiniones están divididas, el  46,6% está de acuerdo y el 46,9% en desacuerdo  con esta afirmación. Las personas más jóvenes así lo entienden, las de nivel educativo secundario y mayores ingresos. 
 
En relación a la creencia de que “la viveza criolla es útil”, los acuerdos son más masculinos que femeninos. Son las personas más jóvenes, de menor nivel educativo y menores recursos económicos que así lo consideran. Esto nos lleva a afirmar que son la condición socioeconómica y la educativa las que determina la opinión y nos plantea la duda de si realmente estamos ante una creencia, o expresa una realidad que viven en Uruguay importantes sectores. 
 
Un mito que está muy arraigado en la sociedad es el de que “con la 'garra charrúa' saldremos adelante”. Sin embargo, se advierten cambios en base a los datos surgidos en esta encuesta, que indicarían que este mito esencialmente futbolístico y masculino estaría siendo absorbido por mujeres que lo asocian al esfuerzo personal, a esa especie de garra que implica salir adelante. Es así como son ellas que muestran en un 44,3% su acuerdo, un 39,3% su desacuerdo, y un 11,8% no sabe /no responde. En contraste con los hombres, que en un 53,7% afirma estar en desacuerdo “que con la ‘garra charrúa’ saldremos adelante”.  A nivel nacional son las mujeres que superan los 60 años, de bajo nivel educativo y bajos ingresos que sí consideran la validez  de la “garra charrúa”. Lo cual podría estar confirmando que el tema del esfuerzo personal no se explicaría solo por las condiciones socioeconómicas sino también por las de género.