Asamblea de los Estados Generales del reino de Francia

Los Estados Generales de 1789 fueron la primera reunión de este órgano desde 1614. Se trata de una asamblea general extraordinaria compuesta de representantes de todos los segmentos de la sociedad francesa (salvo los más pobres) repartidos en tres estamentos: el clero o Primer Estado, la nobleza o Segundo Estado, y el pueblo llano o Tercer Estado. La independencia que demostraron los diputados del Tercer Estado con respecto a los dos primeros estados y a la Corona marcó el verdadero inicio de la Revolución francesa.

La asamblea tiene lugar en una sala acondicionada para la ocasión en el palacete de los Menus-Plaisirs (Placeres Menudos), que servía de almacén para decorados de teatro, instrumentos de música y accesorios de deportes de la Corte de Versalles. Son presentes 1139 diputados: 291 pertenecen al clero, 270 a la nobleza y 578 al Tercer Estado que representaba al 97% del pueblo. La sesión inaugural, el 5 de mayo 1789, es presidida por el reyLuis XVI, el clero se sienta a la derecha del trono, la nobleza a su izquierda y el Tercer Estado enfrente. Los oradores son el rey, el garde des sceaux Barentin (segundo oficial del gobierno), y el Ministro de Hacienda, Jacques Necker.
 
El rey abre la sesión con un discurso escueto y bien acogido por los diputados. El ministro Necker pronuncia un discurso de dos horas y media durante el cual el rey se duerme. Con este discurso, los diputados se dan cuenta de que la situación financiera del reino es aún más desastrosa de lo que se pensaba, y de que el gobierno está desorientado. Queda entonces patente el motivo de la convocatoria de los Estados Generales: el grave déficit presupuestario.
Pero el ministro no menciona el problema que más preocupa a los diputados: la votación por estamento o por cabeza, que condiciona la aprobación de cualquier reforma.
Entre las causas directas de la Revolución francesa se encuentra la gran crisis financiera causada por la enorme deuda de Francia, la falta de alimentos con la consiguiente subida imparable de los precios, el gasto suntuoso del Gobierno, y un sistema impositivo arcaico que recaía exclusivamente sobre los miembros del Tercer Estado debido a las exenciones que tenían el clero y la nobleza; esta carga impositiva, en la práctica se limitaba a la burguesía. Los sucesivos intentos de reformar este sistema se encontraron con la resistencia del Primer y Segundo Estados.